Mi madre me había dicho que fuese a pasar el rato a casa de Ana, una chica de mi edad que vivía en el edificio de enfrente. Me gustaba jugar con ella, tenía una sonrisa estupenda y se le arrugaban mucho los ojos cuando se reía. Era una niña muy simpática, eso me gustaba, a veces me entretenía incluso más que dejarme caer con la bici oxidada por el pavimento en pendiente de la calle de casa.
Estaba nublado... Pero hacía un calor agobiante, húmedo, típico de la costa.
Ana jugaba conmigo a los coches, yo chocaba el mío contra el suyo constantemente.
La madre de Ana se asomó al salón y me habló.
"Fer, creo que te están llamando por la ventana."
Dejé el coche púrpura en las manos de Ana y al asomarme vi a mi tía, que sacando medio cuerpo por la ventana de casa me decía que volviese ya.
Hice un gesto de despedida con la mano y Ana me lo devolvió con una sonrisa y sus ojos arrugados. Al cerrar la puerta de su casa coloqué mi mano sobre la boca a modo de trompetilla, y crucé la calle entera tarareando el mítico toque de carga del séptimo de caballería.
Al entrar en casa me encontré con el salón abarrotado de gente. Todos vestidos de negro con cara larga. Una mujer se secaba las lágrimas.
"Lo siento, hijo", me dijo el marido de la vecina de arriba. Le observé confundido.
Entonces vi aparecer a mi madre por el pasillo, también vestida de oscuro. Se agachó y situó su cabeza muy cerca de la mía, a mi altura.
- Fernandito, el papá... Tu ya sabes que él estaba muy enfermo... Se ha ido al cielo y no va a volver a vernos, pero tú no tienes que estar triste, ¿vale?, él se va a encontrar mucho mejor allí y va a estar bien por fin.
- Vale...
Agaché la cabeza y miré al suelo estirándome de la camisa azul que llevaba manchada de algo marrón. Ella continuaba mirándome y me acariciaba el pelo.
"...Maldita tuberculosis..." murmuró un hombre que fumaba sentado en el sofá.
- Y mamá... -le dije- ¿Tú crees que el papá, allí en el cielo, le contará esos chistes de mierda a Dios?
Mi madre, con los ojos empañados, no pudo hacer más que reírse y abrazarme.