Sloane había catado muchas drogas. No dependía de ellas, no, únicamente creía que en la vida había que probarlo todo, lo cual era a la vez una liberal y comprometida filosofía.
Tenía sus pequeños vicios, como dejar a un lado el cigarrillo electrónico y fumar tabaco cuando se enfurecía, o dejarse abrazar, cuando sus días eran grises, por las acogedoras extremidades de alguna botella cara de ginebra, uno de los pocos lujos que económicamente se permitía.
A pesar de no ser una persona con grandes aspiraciones, nunca había conseguido ser completamente feliz. Parecía no encajar en la sociedad en la que vivía. A veces se encontraba confusa: echaba de menos vivir otra vida, una en la que las múltiples nubes de contaminación atmosférica no le impidiesen observar las estrellas, una vida que no conocía. Parecía, en ocasiones, la nueva loba de Hesse.
(...)
A pesar de no ser una persona con grandes aspiraciones, nunca había conseguido ser completamente feliz. Parecía no encajar en la sociedad en la que vivía. A veces se encontraba confusa: echaba de menos vivir otra vida, una en la que las múltiples nubes de contaminación atmosférica no le impidiesen observar las estrellas, una vida que no conocía. Parecía, en ocasiones, la nueva loba de Hesse.
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